jueves, 3 de septiembre de 2026

Por Valencia y Castellón

POR VALENCIA Y CASTELLÓN 

Alarcón 9 junio.

Alarcón se aparece de repente, y junto a la carretera hay una alta torre con una gran explanada que la rodea, y allí se puede aparcar. Alarcón tiene un recinto amurallado que rodea la antigua población y también el castillo. Además de la torre donde estamos hay otras torres en lo alto de cerros circundantes. Estas torres sirvieron para la mejor defensa de la ciudad.


Toda la fortificación es de origen árabe y dependió inicialmente  del Califato de Córdoba. Tras la descomposición del clifato Alarcón pasó a depender del reino de taifa de Toledo. Durante su permanencia en poder de los musulmanes sirvió como defensa en sus peleas y luchas internas. En 1184, Alfonso VIII, asedia la fortaleza durante nueve meses y la gana finalmente. A partir de entonces, el castillo de Alarcón mereció la atención de los reyes de Castilla que lo engrandecieron y reforzaron, a la par que le otorgaron el señorío de amplios territorios circundantes. Los sucesivos reyes se la iban dando a unos nobles o a otros – o a Órdenes Militares – según sus necesidades y conveniencias. Lo bueno que tuvo durante toda esta época es que no tuvieron lugar ataques importantes, por lo que la conservación era excelente.

En el año 1963 se rehabilitó como Parador Nacional de Turismo.


Aymara y yo nos paseamos por el centro histórico del pueblo. Había muy poca gente por las calles; algún que otro turista, algún que otro joven y algunos niños a buscar chuches. Perros y gatos sueltos por la calle no vimos ninguno, y coches y motos tampoco recordamos.

Ya me voy acostumbrando a pasear en soledad por pueblos y ciudades de España, pueblos y ciudades con mucha historia sobre sus piedras y con buen arte civil y religioso en sus edificios, pero el turismo artístico y cultural no se lleva mucho en este país. Así que miramos exteriormente los edificios, comentamos algo de lo que vemos (solo comentamos de lo que sabemos para que así no lo olvidemos), paramos con mucha frecuencia buscando fotos que nos agraden y andamos y andamos, de vez en cuando descansamos y al final nos vamos.


Valencia – 10 junio.

Vuelvo a Valencia después de 15 años o más. Se la vengo a enseñar a Aymara y a recordar lugares, sucedidos y revivir sentimientos. Todos mis viajes son viajes sentimentales. Casi todos son nostálgicos, con muchas nostalgias de cosas que imaginé, de cosas que deseaba que ocurriesen, de cosas y situaciones que nunca pasaron. Y casi todos también son anhelantes, llenos de anhelos de saber, de comparar, de soñar y de disfrutar de ilusiones. Y muchos son una sorpresa, porque nada es tal como lo imaginé.


Vuelvo a la estación del tren, esa estación del modernismo valenciano, tan bonita, tan original. Y paso por la plaza del ayuntamiento, tan llena de flores, tan cuidada, tan luminosa.

En el Mercado hoy no hay pescado. Es lunes y los pescadores y los pescaderos descansan, y los peces también. Quería enseñarle a Aymara las anguilas, pero fue que no. Le conté a Aymara que la gente de aquí es tan amable que me dijeron como se guisaban las anguilas, el bacalao inglés y las setas. Y ella vio el Mercat en todo su esplendor y con muchos turistas que vienen a observar la arquitectura y la vida que hay en este sitio.

La Lonja de la seda sigue estando al lado del Mercado. Y hay muchos, muchos turistas para visitarlo. Lo bueno que tienen estas visitas es que lo ven a la carrera, ya que después de aquí tienen que ir a visitar otros lugares y para que les dé tiempo se tienen que dar mucha prisa. Y los que vamos a visitarlo sin pertenecer a ningún grupo tenemos tiempo para verlo con detenimiento.

La gran sala de la Lonja, donde se hacían las transacciones comerciales es espectacular. Las columnas retorcidas dan más sensación de fuerza y de verticalidad. Pero sobre todo llevan la vista hacia arriba, y allí arriba se abren como si fuesen palmeras. Y las ramas se entrelazan y crean


una cubierta protectora. Dicen que este techo estuvo pintado de verde. Quizás quiso ser una imagen del paraíso, o de un lugar de una gran arboleda con frescas sombras donde se goza de un gran bienestar, el bienestar propio de una ciudad tan prospera como Valencia en esa época.

La catedral.













Por el interior de Castellón. - 11 junio.

Tenía apuntado venir a este pueblo, a Vilafamés, pero al llegar aquí me di cuenta de que ya habíamos estado el año que vinimos a pasar unos días a Peñíscola. Como el recorrido planeado para hoy es largo, decidimos marcharnos y seguir nuestro itinerario.

Vamos por una estrecha carretera, una carretera llena de curvas que nos obliga a ir despacio, tan despacio que podemos ir mirando tranquilamente el paisaje. Pedregosos campos de cultivo en los que pequeños muros de piedra delimitan la propiedad, y en esos campos se cultivan almendros, cultivos que hacen que se entienda mejor porqué en estas zonas hay fábricas de turrón: turrón del duro y del blando, turrón de Alicante y Jijona; uno con las almendras enteras y otro con las almendras trituradas.

Cuando el terreno se inclina se ven bancales. Bancales que se hicieron Dios sabe cuando, pero que se hicieron para dar de comer a la población que habitaba la zona, no para estar entretenidos cuando no tenían nada que hacer.

Un poco más adelante la carretera por donde vamos atraviesa el cauce pedregoso de un rio seco. Pero no hay un puentecillo ni nada para cuando por aquí corra el agua, para entonces o no se podrá pasar o se irá por otro camino que los lugareños se sepan. Esta carretera, o camino carretero, va al pueblo de Costur.

Y seguimos y seguimos, y poco a poco vamos subiendo, y vemos valles, bancales y bancales y nubes que llaman gatuñas y que han subido por la pendiente de unos montes y al llegar arriba, ya no tienen fuerzas para continuar y se deslizan pendiente abajo, hasta que desaparecen para dejar visible el valle.   

Estamos en el término de l’Alcora, y como nos pilla cerquita vamos a ver el CASTILLO DE L’ALCALATÉN.

No sé que importancia tuvo este castillo en su época, ni qué acontecimientos ocurrieron en él, ni qué guerreros combatieron aquí. Pero hoy es un pequeño trozo de recuerdo, y menos mal que es algo todavía, y que lo poco que queda se ha consolidado. Son los restos de un castillo que se ha querido que su recuerdo no se pierda. Vemos lo poquito que hay que ver y nos vamos a comer al pueblo de al lado.


Lucena del Cid es un pueblecito y en lo alto del cerro en que se asienta la población se conservan restos de un castillo musulmán. Actualmente solo quedan las ruinas, ya que fue demolido al finalizar las guerras carlistas.

El castillo perteneció al último rey musulmán de Valencia. Por el Reino de Valencia han pasado varias civilizaciones que han influido en la cultura valenciana. Pero quizás el de mayor influencia haya sido el paso del islam debido al largo período que estuvieron en el Reino de Valencia (desde el siglo VIII hasta el siglo XIII). Es en el último período cuando aparece Abú Zayd, último gobernador almohade del Reino de Valencia. Su título de "sayyid" le designaba como un príncipe de sangre almohade. Firmaba los documentos con el nombre sonoro: "sayyid Abú Zayd”; añadiendo que era bisnieto del gran ‘Abd al-Mu'min, fundador del califato y secta almohade.



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