viernes, 5 de febrero de 2021

España - Galicia - La Ribera Sacra.

GALICIA - La Ribera Sacra

            Y hoy lo voy a dedicar a visitar la Ribera Sacra. Pongo la dirección que tengo en el GPS e inicio la marcha. Cada vez me meto más en la Galicia rural, la de estrechas carreteras, viejos muros de piedra delimitando los prados, el cielo azul, alguna que otra casa y nada más. Creo que me he perdido. Y sí, me he perdido, el GPS no encuentra las localidades que le indico, cambio de aparato (utilizo el móvil) y sigo sus indicaciones. He empleado dos horas en este matutino paseo, pero no me importa. Me gusta vagabundear y lo que he visto me ha gustado: aldeas tranquilas, un campo bucólico, paz y… ¡que más podía pedir!






           

            Y el nuevo aparato me lleva en otra dirección, y ahora sí que ya voy hacia la Ribera Sacra. El paisaje se va haciendo más ondulado, más montañoso, pero sigue igual de rural e igual de bonito. Paso por aldeas que ni siquiera figuran en los mapas, pues aquí el territorio está ordenado por Concejos o Parroquias y solo figura la principal, la que da nombre al territorio. Empiezo a ver los pequeños hórreos gallegos; casas solas, al lado de la carretera, alguna chimenea echando humo, pequeños prados de un verde intenso y los viñedos. Viñedos con palos y alambres para que suban las viñas y las uvas no estén cerca del suelo, pues la humedad no las dejaría madurar o incluso las estropearía.

 

 

 

 

            La carretera va bajando y los montes se van llenando de robles, robles que aún están desnudos y muestran su esqueleto gris. Pero por todos los lados lo que más abunda es la soledad y el silencio. Salpican las montañas pequeñas aldeas con las casas pintadas de blanco; y también casas solas, aisladas. Por eso se ven, si no se confundirían con el color de la tierra.

 

 

   

          Estas pequeñas aldeas de unas poquitas casas, diseminadas por las montañas y por el campo son el alma de Galicia. Mi idea de Galicia es esta, más que las ciudades y grandes pueblos. No conozco bien el alma gallega, pero imagino que la esencia de la misma está en este mundo rural más que en las zonas urbanas. Y lo bonito es que se vean estas casas y que se vean desde lejos. Uno puede estar solo, pero te sientes acompañado de las personas que viven allá lejos, en aquellas lejanas aldeas. Uno nunca se siente perdido ni en soledad; es como si el alma, el espíritu de todos los campesinos que han vivido y viven aún aquí rondase a nuestro alrededor, que también recorriesen las carreteras y vinieran por los caminos que vemos cuando hacemos un alto. Estas cosas las imagino así, pero reconozco que algo más se me escapa, es algo que no sé decir, que no sé contar, pero que sé que siento.

            Y poco a poco, casi sin darme cuenta, me voy metiendo en el corazón de la Ribera Sacra, en las tierras donde el Miño y el Sil confluyen. Y en su confluencia, a lo largo de los últimos miles de años, han excavado profundos cañones en los que parece que sus laderas son empinadas montañas.

 

   

         Y en esas laderas, donde también hay aldeas en lugares increíbles, hay bastantes iglesias y monasterios, de ahí el nombre de Sacra. Hoy son monasterios abandonados e iglesias cerradas, solo el gran monasterio de Santo Estevo, hoy convertido en Parador de Turismo, sigue en pie. No sé el porqué hubo esta concentración de edificios religiosos en esta zona: ¿Fue para estar aislados y poder dedicarse mejor a la meditación y a la vida contemplativa? ¿Fue porque era una zona rica y había abundantes recursos para vivir? ¿Era una zona muy poblada y había que ofrecerles asistencia espiritual y religiosa? ¿Hubo nobles que cedieron sus tierras a la iglesia? Posiblemente serían varias las razones de esta concentración, posiblemente se haya estudiado y dado respuesta, quizá mis interrogantes sean fruto de mi ignorancia y de la pereza por salir de ella.

 

            El día está precioso. Hay unas mesas en un robledal junto a la carretera. Paro para comer allí algo de lo que llevo mientras tomo el sol, escucho el canto de los pájaros que ya están empezando a entrar en celo, y veo el paisaje. Frente a mí está esta casa abandonada. Aún se mantiene en pie. Las piedras, aunque no tienen cemento entre ellas, se sujetan muy bien. Las zarzas hacen imposible acercarse a la entrada. Es grande la sensación de abandono, pero a la vez también es grande la sensación de fortaleza y resistencia. ¿Y no será la fortaleza y la resistencia una de las características del alma de los campesinos gallegos? Con un cierto pesar, con una cierta pena, dejo atrás la casa abandonada y marcho a seguir mi ruta, mi camino.


             Hay varios miradores perfectamente señalizados. Las vistas son grandiosas. Los cables de la luz son como esos niños que se asoman cuando hay alguien grabando y salen en todos los sitios. La magnificencia del paisaje no sale en las fotos, hay que estar allí para sentirla. Cuando estoy en estos grandes lugares me siento pequeñito, pues me integro en el paisaje y ante tanta inmensidad no puedo sentir otra cosa. 

            Desde estos miradores no solo se ven los cañones que ha hecho la erosión del rio, también se ven las onduladas llanuras que hay alrededor, con aldeas, muchas aldeas, prados verdes, bosque y como un alma, como un espíritu que flota sobre todo ello y lo cuida, protege y preserva.

            Paro en Castro Caldelas, a tomar un café y a ver lo que queda de su castillo. Estamos unos pocos turistas recorriendo las cuatro callecitas de la parte más antigua. El castillo está como a trozos, como a retazos, por unas partes muy arregladito y muy bien conservado, y por otras como cayéndose, como descuidado y dejado.


            Después del paseín y de tomar el café marcho hacia Monforte, pero como las indicaciones son tan buenas e inexistentes, pregunto a algún anciano o anciana que veo en las aldeas y a pesar de ello, como sus indicaciones no son muy precisas, doy vueltas y vueltas hasta que encuentro la carretera que me lleva a Monforte, donde llego ya anochecido, pero aún a tiempo de cenar. Y colorín colorado, mi paseo por la Ribera Sacra se ha terminado.

viernes, 10 de julio de 2020

CHINA (10) – BEIJING (1)
          Nos vamos a BEIJING en un tren similar al AVE. La estación es grande y nueva, pero está llena de gente. Algunos de mis compañeros dicen que sienten agobio con tanta gente, pero a mí eso no me ocurre.


      Nos vamos a BEIJING en un tren similar al AVE. La estación es grande y nueva, pero está llena de gente. Algunos de mis compañeros dicen que sienten agobio con tanta gente, pero a mí eso no me ocurre. El trayecto dura 6 horas (entre 1.500 y 1.800 kilómetros de distancia) y eso que en el mapa parece que estamos muy cerca.
Lo primero que visitamos fue la Gran Muralla. La verdad es que no me impresionó, quizá por haberla visto tantas veces en fotos y documentales y haber leído y escuchado que es una obra impresionante. 
Vi lo que me imaginaba que iba a ver: una muralla que recorre las colinas siguiendo la línea de las crestas, subiendo y bajando. Y además de ver esto vi miles y miles de chinos, todo está lleno de personas, en todas direcciones y por todos los sitios; personas de todas las edades. El turismo interior chino está empezando a desarrollarse y 1.300 millones de personas dan mucho de sí; todo lo llenan y los occidentales que vamos allí somos una cantidad insignificante comparado con los que son ellos. 
El día es muy caluroso y hay una especie de neblina que no permite ver a lo lejos. Es una pena pero se ve lo suficiente para apreciar las dimensiones de la muralla y como se aleja en una y otra dirección, subiendo y bajando por las colinas y retorciéndose como si fuera una gigantesca serpiente. 
Ahora que la estoy viendo me doy cuenta del gigantesco e inútil trabajo que hicieron, ya que las tropas de cualquier invasor no podían atravesar por las escarpadas montañas; los ejércitos que invadieron China, defendida por la Gran Muralla lo hicieron conquistándola en los puntos más bajos, en los valles que son el camino natural para que pase un ejercito. Pero bueno, aunque no sirviera militarmente para lo que fue concebida si que sirve para que muchísimas personas nos asombremos al ver tan gigantesca obra.
Hasta aquí hemos venido por una autopista de tres carriles en cada sentido, cuando intentamos regresar el autobús tarda en alcanzar la autopista, que está a unos 5 kms, unas 2 horas. Comentamos que ha debido haber un accidente y que por eso ha habido  este atasco; la guía nos dice que no, que este atasco es normal, que los atascos gordos son de 4 ó 5 horas y que se producen por los millones de coches y autobuses que vienen aquí en el verano y los fines de semana. Todos nos asombramos de las dimensiones de los problemas en China y de la paciencia de los chinos.

           
           No hay quien haga entender a los guías chinos que no nos interesa ir a ver un taller de jade o similar, ellos te llevan, aunque les digas que no se va a comprar nada. Yo no entro y me quedo fuera viendo estas reproducciones de construcciones típicas de diversos lugares de China.

           Y lo que más típico me parece es ese montón de colorines que hay en el McDonald. El conjunto hasta me parece bonito. 



              Y de aquí a la zona olímpica, una inmensa explanada donde vuelan las cometas y donde la gente come melón. Hace mucho, mucho calor.  
            Cuando llegamos al hotel es hora de irse a cenar. Hay quien se va en metro al centro, pero yo no tengo ganas de andar mucho, estoy cansado. En metro voy hasta una plaza cercana (tres estaciones de metro) por donde hay restaurantes y como no los veo inmediatamente, y no tengo ganas de andar de un sitio para otro, me meto en un McDonald a cenar. El menú es el mismo que hay en los de España, se llaman igual y tienen un precio similar; creo que en eso reside el éxito de McDonald, que ya sabes lo que vas a comer estés en la parte del mundo que estés.
            El centro comercial donde está el McDonald es nuevo y totalmente similar a los centros europeos que conozco, los mismos tipos de tiendas, las mismas marcas, los mismos productos y los mismos anuncios en los que es rarísimo ver la cara de un chino o china, casi todas las caras son de occidentales, aunque ellos son más del doble que nosotros.

            Hace mucho calor y hay una especie de niebla. Hay quien dice que es contaminación pero a mí no me lo parece, no tengo esa sensación de respirar humo que tengo cuando en Madrid hay altos niveles de contaminación.  Si esto fuese contaminación yo creo que estaríamos muertos. A mí me parece niebla como consecuencia del alto calor y de la altísima humedad.
            El metro es nuevo, constantemente están abriendo nuevas líneas. Cuando las Olimpiadas había 4 líneas, ahora, 4 años después, hay 10. Los trenes son largos, larguísimos. La seguridad es muy buena, es imposible caerse a la vía, el andén está cerrado con unos cristales. Todo está indicado en chino y en escritura con caracteres occidentales para que los no chinos podamos orientarnos. Todo está limpio,  
limpísimo; yo no veo que los chinos sean unos guarros y que tiren todo al suelo como me ha dicho alguien. Todo está tan limpio porque ellos casi no manchan y porque hay un buen servicio de limpieza.


          Por la mañana temprano visitamos el Palacio de Verano de los Emperadores, pero más que el Palacio lo que se visita son los Jardines del Palacio de Verano.
          Pero resulta que este no es un jardín cualquiera, para los expertos es el jardín de los jardines. Esto es algo de lo que se ha escrito sobre este jardín:

           Los jardines chinos tienen profundas raíces filosóficas. Los elementos naturales se eligen por su significado histórico, literario o simbólico.


            El jardín del Yuanming yuan (el jardín del palacio de verano o, literalmente, el jardín de la Claridad perfecta) constituye, sin duda alguna, el ejemplo del apogeo de dos mil años de evolución en la creación de los jardines imperiales.
 
           El Yuan-ming yuan representa, por sí mismo, la creación de un universo en miniatura. Es posible que parezca raro el escoger un jardín más vasto y grandioso que el del palacio de verano para ilustrar el concepto primordial de un microcosmos. 

        Sin embargo, si se considera que, en   tanto que jardín imperial, este microcosmos representa a todo el Imperio, esta paradoja sólo resulta aparente.
 

       El jardín es completamente artificial, incluso los relieves y el agua que le caracterizan. Todo ha sido creado por la mano del hombre bajo las órdenes de un bufete dedicado, exclusivamente, a su elaboración.
           Están presentes los fundamentales elementos naturales del jardín chino: el relieve y el agua que estructuran y dividen el espacio. La naturaleza está representada de manera idealizada.
 En el caso del Yuanming yuan, el Feng shui predomina de manera irrefutable. El Feng Shui, (literalmente viento y agua), es una práctica de origen chino que consiste en estudiar los elementos que constituyen el entorno donde se quiere construir un edificio a fin de aprovechar los flujos de energía para asegurar la armonía del mismo con el entorno y determinar su idoneidad. 
Un  documento sin fecha, da cuenta del examen minucioso que se llevó a cabo antes de permitir que fuera abierto y se demostrara la perfecta concordancia entre los elementos interiores (montaña y agua) y las figuras geománticas.
 Se examinó, de forma particular la cercanía, por el Oeste, de la cadena montañosa que, en forma de "biombo montañoso", permite preservar el qi, fuerza vital del lugar.
          En el interior del cuadro formado por la montaña y el agua que estructuran el jardín, surgen los diferentes paisajes que han sido diseñados evocando los más preciados lugares chinos. En el jardín de la Claridad perfecta, rocas y estanques han sido dispuestos respondiendo a la configuración del Imperio: “nueve regiones y cuatro mares”. El punto culminante representa el monte Kunlun, progenitor de las principales cadenas montañosas de China. De éste parten las tres grandes cadenas montañosas del jardín. 

            El agua se divide en dos ramas principales: una de ellas forma una bifurcación que confluye en un estanque de cuatro hectáreas; la otra, bifurcándose varias veces, acaba en un inmenso lago de veintisiete hectáreas, que simboliza el mar de la China. 
          El jardín es tan grande, son tantas las cosas que ver, tantos los sitios que mirar, que estoy un poco perdido.  No tengo las sensaciones que tuve en los otros jardines chinos. No veo la multiplicidad de puntos de vista, no veo ese mundo cambiante que vi en los otros. Quizás hay demasiada gente, gente que visita el lugar como yo y gente que viene a disfrutar del jardín, y toda esta gente también atrae mi atención: hay coros con músicos que cantan canciones de las antiguas películas chinas, canciones patrióticas que a los jóvenes les parecen tonterías y que para ellos son cosas del pasado, de un pasado decrépito del que casi se avergüenzan; pero la verdad es que estos coros de gente madura cantan muy bien para ser aficionados. Estoy viendo que hay una gran afición a la música en China.

          Y entre tanta gente llama mi atención esta muchacha haciendo una foto con una posición un tanto peculiar, posición que ya he visto en más personas y que no entiendo por qué la adoptan. Cuestión de gustos o de costumbres. 

          Y a quien madruga Dios le ayuda. Sí, después de comer vamos a visitar la Ciudad Prohibida.


          El diseño de la Ciudad Prohibida, desde su plan general al más pequeño detalle, fue meticulosamente ideado para reflejar principios filosóficos y religiosos, y sobre todo como símbolo de la majestad del poder imperial. Algunos ejemplos notables de diseño simbólico son:
  • El amarillo es el color del emperador. Por ello, casi todos los tejados de la Ciudad Prohibida tienen azulejos de color amarillo, y sólo hay dos excepciones: la biblioteca en el Pabellón de la Profundidad Literaria , que tiene tejas negras porque ese color se asocia con el agua y por tanto previenen incendios, y las residencias del príncipe heredero, que cuentan con tejas verdes porque ese color se asocia con la madera y, por tanto, con el crecimiento.



  • Los salones principales de los patios interior y exterior están todos dispuestos en grupos de tres, la forma del trigrama Qian que representa el Cielo. Por otro lado, las residencias del patio interior están agrupadas de seis en seis, la forma del trigrama Kun que representa la Tierra.