lunes, 9 de marzo de 2020

SUDAN DEL NORTE (5)

EL SAHEL
Casi todo el recorrido que hemos hecho por Sudán ha sido por el Sahel, esa zona que va desde el Océano Atlántico hasta el Índico y que abarca desde el sur del Sahara hasta el comienzo de la zona más rica en vegetación de África. Es una zona subdesértica en la que abundan las acacias y arbustos espinosos y poca hierba.

 Las zonas desérticas también abundan, aunque hacia el sur van disminuyendo. La lluvia es escasa y los cultivos también, la agricultura que hay es una agricultura de subsistencia. La gente suele vivir sobre todo de la ganadería: ovejas, cabras, dromedarios, vacas pequeñas y burros.

Muchísimos habitantes de esta zona son nómadas, que van con sus ganados de unas zonas a otras, buscando los pastos.
Hay pequeñas aldeas de viviendas también muy pequeñas, que ocupan o permanentemente o solo en la época de sembrar o recoger las plantas cultivadas. Son viviendas de seminómadas. 
El Sahel me fascina. Tiene un atractivo especial para mí y no sé el porqué. Quizá sea la dureza de las condiciones de vida; el aspecto espartano y duro de sus habitantes; el esfuerzo que tienen que hacer, y que he visto muchas veces, para vivir; su hospitalidad y su curiosidad por ver a esos extraños que nos acercamos a saludarles y a verles un poquito más de cerca, aunque a mi pesar nos acercamos muy pocas veces ya que a los guías no les gusta hacerlo, quizá por no molestar o porque los turistas no nos llevemos una impresión de pobreza del país.
        En este viaje he tenido la enorme suerte de estar en un pozo del Sahel, un pozo que lleva allí miles de años, pues junto a él hay ruinas egipcias. En lugar de ver las ruinas me quedé junto al pozo viendo como trabajaban los hombres. 

        La boca del pozo está en un pequeño alto. Una larga cuerda se ata a dos burritos que andan y tiran de la cuerda que sube el recipiente lleno de agua.

Los hombres cogen el recipiente y lo echan en alguna de las pilas que hay cerca.

Desde esas pilas van llenando bidones o garrafas de plástico, pues el agua se la tienen que llevar al lugar donde tienen su campamento o sus pequeñas viviendas.
Cuando una familia o una persona ha sacado el agua que necesita, retira sus burros, que son sustituidos por los de la nueva persona o familia que va sacar agua. 


Los animales se cansan, y tienen que beber. En un recipiente se echa agua y los animales beben. Pero los hombres también se cansan y también beben agua. En ocasiones las personas beben de bidones o garrafas llenas con agua del recipiente donde han bebido los animales, en otras beben directamente del agua en que han bebido los burros.




 Lógicamente  su aparato digestivo tiene que estar  acostumbrado a compartir bacterias, o lo que sea, con el de los animales. Los europeos, probablemente, no podríamos hacer eso.


Y cuando han llenado sus recipientes y los bidones, se los llevan al emplazamiento donde están. Y se los llevan con sus burros. Desde luego que son burritos fuertes y resistentes; a veces su cuerpo está recubierto por recipientes de agua, y encima llevan montada a una persona. Para mí es todo un espectáculo ver a estos hombres con sus burros cargados, andar por el Sahel. Para mí es la imagen de la supervivencia, del esfuerzo por vivir. No tienen nada superfluo, nada innecesario, si no hacen lo que hacen, se mueren.

Estos hombres del Sahel viven fundamentalmente de la ganadería. En muy pocos sitios se puede cultivar lo suficiente como para vivir de ello. El ganado unas veces parece que está solo, en otras lo están cuidando o pastoreando. Y quienes lo cuidan muchas veces son los niños. 

Niños que se acercan tímidamente, con cierto recelo, niños que no dicen nada. Que cogen un paquete de galletas pero que no saben abrirlo. Niños que no tienen juguetes, bueno, las niñas de 8 ó 10 años tienen muñecos especiales, muñecos de verdad: sus hermanos pequeñitos.



Niños del Sahel. Niños que no se quitan las moscas cuando se les ponen en la cara, por los ojos, por las comisuras de los labios. Quizá a lo mejor hasta es bueno, a lo mejor las moscas evitan algún tipo de infecciones, pero quien dice eso, casi seguro que no deja que las moscas se pongan en la cara de sus hijos pequeñitos. Niños del Sahel que creo que no irán a la escuela, niños a los que la educación probablemente no hará personas libres; pero libres ¿de qué? ¿para qué? No tengo  respuesta. Quizá esta gente sea más libre que los occidentales. Lo único que no tienen es la comida garantizada, ni agua potable disponible, ni verse libres de enfermedades que para nosotros ya son desconocidas. Pero no les ata comprarse un piso, ni un coche, ni el último modelo de teléfono móvil, ni una tablet, ni la ropa de última moda. No sé qué es mejor.

 Tengo un mar de dudas y ninguna respuesta clara y contundente. Pero desde luego lo que no es mejor es tener que lavarse en charcos como éste, y si solo se lava, bien va; lo malo es que a lo mejor también bebe de ese charco.



Y estos son los campamentos de estos pastores nómadas. Hay algunos que son más numerosos, son los que están en lugares donde hay pozos permanentes y pasto más abundante para el ganado. Otros tienen muy pocas tiendas o cabañas, y deben de ser de familias o clanes familiares poco numerosos.
Me gustaría mucho vivir durante unos días con ellos, en sus mismas condiciones, pero sobre todo me gustaría hablar y entender lo que hablan entre ellos. Me gustaría conocer cuál es su sentido de la vida, de la felicidad, de… esas cosas esenciales que yo no tengo nada claras y que quizá me ayudasen a conocer o a saber cuál es el sentido de mi vida o del que yo pueda dar a la vida que me queda.
Sospecho que en esta vida tan sencilla puede que esté el secreto de la felicidad. Quizá esta gente solo tenga lo esencial de lo esencial: el cariño de las personas que te rodean, comida, agua y poco más. A lo mejor también tienen su buena dosis de sufrimiento al ver morir a sus seres queridos sin poder hacer nada. Pero no lo sé. A lo mejor ese sufrimiento forma parte de lo esencial de la vida. Desde luego que vaya cosas que se me ocurren viendo el Sahel y a sus gentes. Estos no son viajes para ver, son viajes para sentir y para pensar. 


Y tanto las personas que viven en las pequeñas aldeas, como las que viven en las tiendas o chozas, hacen pequeños corrales para meter el ganado. Los corrales están hechos de ramas, de palos, de cañas. Pero estos materiales hay que recogerlos, y con mucha frecuencia se ve a hombres y mujeres con cargas de palos para estas pequeñas obras y para cocinar, pero no para calentarse. 


Con relativa frecuencia se ven dromedarios. Ellos los crían para utilizarlos como medio de transporte y para venderlos como carne. De vez en cuando se ven grandes rebaños de dromedarios que van camino de Egipto  para vender-los allí. La ruta sigue cerca del Nilo para que los animales puedan beber y comer. 


Cuando la comida de los animales o el agua escasean estos hombres recogen sus tiendas y todas sus pertenencias, las colocan en un dromedario o dos y en sus borricos y con todos sus ganados se van a otra parte. Para mí es un espectáculo único e impresionante, de una gran belleza plástica y de una gran fuerza humana.

(Esta foto no es mía, pues aunque nos cruzamos con ellos, los guías no quisieron pararse)
Y estas son mis impresiones y sensaciones del Sahel, una tierra inhóspita y dura como pocas y demasiado habitada para los recursos que tiene.

 ¿Por qué viven aquí tantos hombres? ¿Por qué no se han ido a otra parte? Quizá esta gente ame la libertad sobre todas las demás cosas. Nada les ata a un sitio concreto, son libres de ir a donde quieran y como quieran. Nadie reclama esta tierra como propia, es una tierra demasiado pobre y la vida aquí es demasiado dura.
Esta tierra es el Sahel, una tierra cuyos habitantes me impresionan por su sencillez y su fuerza.

sábado, 7 de marzo de 2020

SUDAN DEL NORTE (4)
EL NILO
        El Nilo es el gran río del Sudán. En Sudán la vida sería muy difícil si no fuera por el Nilo. El río es muy grande, es enorme. A sus orillas, casi siempre hay una franja de vegetación. Sus orillas son un oasis alargado, alargado, que se extiende por todo Sudán y continúa por Egipto.



Y este oasis ofrece un enorme contraste con el desierto que le rodea. Todo está verde en los oasis. Hay zonas parcialmente encharcadas que se están preparando para determinados cultivos. Hay ganado aprovechando los restos vegetales de anteriores cultivos que han sido recolectados.




 Hay todo tipo de plantaciones: enormes y frondosas palmeras que dan dátiles, pero que todos no son iguales, pues de la misma forma que hay bastantes clases de aceitunas también hay unas 30 clases de dátiles; grandes campos de patatas, de lentejas (unas lentejas amarillentas y pequeñas) y muchas verduras y hortalizas como berenjenas, judías verdes, pepinos, tomates y otras plantas que me son totalmente desconocidas.


Los atardeceres en el Nilo son maravillosos. El agua va reflejando en cierta medida los colores del cielo, pero les da un matiz propio, diferente, más sutil, más violáceo.


 Es una lástima que solo haya podido ver un atardecer junto a la orilla del Nilo, los alojamientos pillaban lejos de él.


Los amaneceres en los oasis del Nilo son preciosos. Todo se llena de luz y de sonidos. Las luces y las sombras juegan entre sí y parece que hay una luz más luminosa, más brillante, más alegre. A esta primera hora los campesinos trabajan en la tierra, imagino que en el amanecer y atardecer se trabajará mejor que en las horas centrales en las que hace tanto calor.


       Y los oasis están llenos de pajaritos, gorriones, abejarucos, mirlos de cola muy larga y con alguna pluma blanca en la cola, y más pajaritos que no conozco pero que son preciosos.


Pero aunque las tierras de cultivo estén junto al río, hay que hacer que el agua llegue hasta ellas. Y esto lo consiguen los hombres de dos maneras: con motores que suben el agua desde el río y con canales que lo trasportan desde lugares alejados y más altos  donde ha sido posible hacer una desviación para que el agua vaya por el canal. Los canales dan lugar a zonas de cultivo mucho más amplias y los atardeceres sobre ellos son francamente bonitos.


Visitamos la tercera catarata del Nilo. Hace tiempo yo me imaginaba que las cataratas de este río serían como todas: caídas casi verticales del agua debido a un desnivel del terreno. Pero aquí no. Aquí es un pequeño desnivel pero muy poco profundo, lo que hace que los barcos un poquito grandes no puedan pasar. Esto fue una faena para los ingleses, pues no podían subir con sus barcos de vapor y con sus barcazas hasta Jartúm. Tenían que sacar los barcos, trasportarlos un poquito por tierra y a continuar otra vez.


En algunos lugares la vegetación es exuberante, como en esta zona en que me encuentro un montón de mimosas púdicas estas plantitas que al darlas un golpecito con el dedo hace que sus hojas compuestas se caigan y se cierren. Recuerdo que las vi en el Jardín Botánico de Madrid, pero nunca las había visto en estado salvaje.




En el Nilo hay poquísimos puentes y como es muy ancho y hay islas habitadas la gente va de una orilla a otra con los trasbordadores o con barcas pequeñas.  Los trasbordadores suelen ser muy viejos, por lo menos eso es lo que aparentan, y en ellos van todo tipo de pasajeros y todo tipo de objetos: camiones, tractores, burros, camellos, coches, cabras, ovejas y personas. 



Donde atracan es la tierra, allí no hay ninguna clase de muelle o plataforma donde la pasarela se pueda apoyar, y por eso nuestro guía rellenaba el hueco entre la plataforma y el suelo para que las ruedas de los coches no se rajaran.


 Hay personas que tienen más prisa y menos equipaje y se van en barcas con motor. Los trasbordadores del Nilo son una bonita estampa.



Nosotros hemos ido un par de veces en pequeñas barcas con motor. Eran zonas donde aun hay cocodrilos y pude ver dos de ellos de forma casi momentánea, pues uno estaba sobre una roca y otro en la orilla, pero al acercarnos inmediatamente se metieron en el  agua. 

En el desembarcadero había un cartel que señalaba el peligro de bañarse en esta zona por la presencia de los cocodrilos.
Aquí en Sudán cazan los cocodrilos para comer la carne y aprovechar su piel, lo que ocurre es que no hay caza a gran escala, con lo que los cocodrilos son relativamente abundantes.



Un río tan grande como el Nilo es muy rico en peces y la gente de aquí los pesca, pero los pescan con estas pequeñas barcas y con redes. Las capturas no son muy abundantes y a ellos no les interesa que lo sean porque no tienen donde conservarlos. Los peces hay que comerlos enseguida. Nosotros los hemos comido dos o tres veces y la verdad es que estaban muy ricos. Esta foto debe ser de un sitio especial como un restaurante pues los peces están colocados sobre hielo y por donde nos hemos movido no hemos visto ni el menor trozo.



        En muchas ocasiones el desierto llega hasta la misma orilla del Nilo, no hay ninguna franja de vegetación, o si la hay es pequeñísima. Imagino que será porque hay una barrera de rocas impermeables que no dejan pasar la humedad. La fuerza del desierto es enorme aunque la verdad esto es una fantasía mía ya que entre el desierto y el río echan competiciones para ver cual es más fuerte.
       
  
     Por las orillas son muy abundantes las ocas o gansos del Nilo. Aves veloces, llenas de color y que ponen una nota de vida y de variedad en el paisaje,
        El Nilo me acompaña en todo el viaje. La última noche cenamos en un hotel a orillas del Nilo.
        ¡El Nilo! Un río con resonancias mágicas en mi interior. ¡He leído tantas cosas sobre el Nilo! Sobre todo han sido aventuras, aventuras de novelas y aventuras de los exploradores que querían encontrar las fuentes del Nilo. Y mira por donde he hecho un viaje junto a ese río mágico para mí. ¿Volveré alguna vez al Nilo?