LA
RUTA DE LA SEDA (14) BISHKEK
En Bishkek también hay montañas. El Tian Xian
también llega a Bishkek. Nunca he visto un macizo montañoso que esté presente
por todo un país de una forma tan majestuosa.
Cuando me levanto y miro por la ventana veo como telón de fondo unas
montañas altas, nevadas, imponentes e impresionantes. ¡Qué lejos están estas
montañas pero que sensación dan de fuerza y de poderío! ¡Qué altas son las
torres que han hecho los humanos pero que pequeñas quedan frente a las
montañas! ¡Qué bonitas son las montañas del Tian Xian!
Tatiana,
la guía, nos lleva a la iglesia ortodoxa, a su iglesia. Están celebrando algo.
Casi todos los asistentes son personas mayores, y la mayor parte mujeres.
Cuadros y cuadros por todos lados. Cuadros con figuras hieráticas, figuras que
se me antojan iguales que las de hace siglos.
A la puerta de la iglesia una
anciana pide limosna, los que entran y salen le dan algo. Otra no tan anciana
vende cuadritos y recuerdos religiosos.
Luego a ver grandes almacenes, para que los que
quieran hagan compras.
Almacenes donde venden casi las mismas cosas que en
otras partes del mundo y con nombres que me son familiares: Omo, Vernel,
Zanussi, Philis, North Face, etc. Almacenes muy coloreados por fuera.
Chicas
que esperan sentadas a la puerta y que lucen generosamente las piernas.
Parques
con plazas o plazas con parques, no sé muy bien como definirlas. Flores,
monumentos, edificios modernos, fuentes, estatuas. Todo ello conforman estas
plazas amplias, grandes, luminosas.
Y en algún rincón hay un puestecillo donde
venden postales y pequeños recuerdos. El puestecillo con su sombrilla amarilla
y negra pone una nota de color. Y esa nota de color se repite de vez en cuando
por alguna calle, por algún otro sitio.
Paseando
por las calles de Bishkek voy por enormes avenidas rectas, con muchos árboles
en las aceras. Quizá haya demasiados árboles en Bishkek. Quizá hay demasiado
espacio libre en las calles y plazas de Bishkek que por todas partes, por todos
lados, es moderna.
Esta Bishkek me resulta un poco inhumana. Me siento como un
poco perdido, como un poco indefenso. En las grandes aglomeraciones urbanas:
Azca en Madrid, la Defense
en París, Iphigenia en Montpelier, etc. no tienen tanta vegetación, y en todos
estos lugares se han sabido crear rincones donde los humanos nos sentimos
protegidos, rincones donde creamos nuestro espacio.
De
vez en cuando hay menos árboles, y entonces se pueden ver mejor las viviendas,
las fuentes, las tiendas y otras cosas más vitales y más duras, como ese par de
niños pidiendo en unas escaleras: el mayor tendrá 6 ó 7 años, el pequeño 2 ó 3.
Una señora les regala un helado a cada uno ¡Con qué fruición y con que gusto lo
comen! Les hice esta foto como con vergüenza, como haciendo trampa y por eso no
me atreví a hacerles otra.
Por lo mismo tampoco hice una foto a una mujer joven
que tenía un bebé en los brazos y que pedía limosna un poco más allá.
Posiblemente fuese la madre de estos dos niños.
En
las enormes avenidas surgen por aquí y por allá pequeños puestecitos. Casi
todos son de comida y alguno de flores. Y estos puestecitos, junto con la gente
que se para ante ellos, animan la calle y le dan como más vida.
Y en
este Bishkek en el que casi todos los edificios son modernos, conviven personas
de apariencia moderna y apariencia tradicional. Una mujer mayor vestida al modo
tradicional y otra vestida de modo más moderno hablan de sus cosas.
A ninguna
parece preocuparle el atuendo de la otra. Jóvenes con pantalones cortitos o con
minifalda pasan continuamente sin que nadie les preste la más mínima atención.
Y en
este mundo de contrastes y de modernidad veo edificios magníficamente
coloreados, lástima que estén aislados y no formen unos buenos grupos de color.
Y entre tanto color veo coloreados ároles de plástico. Los de color rojo son
los que más me llaman la atención.
Algo
más adelante paso por un jardín. Y la verdad, viendo la luz y las sombras,
sintiendo la frescura y el verdor de los árboles naturales, me quedo con estos
por muy coloreados que sean los artificiales.
Y
así, andando y andando, mirando y mirando, llego al hotel. Preparo mi equipaje
y lo meto en el autobús. Voy a cenar con todos los del grupo a un restaurante
ruso. Ceno unos platos cocinados de una manera desconocida para mí y que están
muy buenos. Al terminar, el autobús nos espera para ir al aeropuerto. Mi viaje
por el Asia Central ha terminado. Hoy es sábado 29 de agosto del 2009.
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