sábado, 7 de marzo de 2020

SUDAN DEL NORTE (4)
EL NILO
        El Nilo es el gran río del Sudán. En Sudán la vida sería muy difícil si no fuera por el Nilo. El río es muy grande, es enorme. A sus orillas, casi siempre hay una franja de vegetación. Sus orillas son un oasis alargado, alargado, que se extiende por todo Sudán y continúa por Egipto.



Y este oasis ofrece un enorme contraste con el desierto que le rodea. Todo está verde en los oasis. Hay zonas parcialmente encharcadas que se están preparando para determinados cultivos. Hay ganado aprovechando los restos vegetales de anteriores cultivos que han sido recolectados.




 Hay todo tipo de plantaciones: enormes y frondosas palmeras que dan dátiles, pero que todos no son iguales, pues de la misma forma que hay bastantes clases de aceitunas también hay unas 30 clases de dátiles; grandes campos de patatas, de lentejas (unas lentejas amarillentas y pequeñas) y muchas verduras y hortalizas como berenjenas, judías verdes, pepinos, tomates y otras plantas que me son totalmente desconocidas.


Los atardeceres en el Nilo son maravillosos. El agua va reflejando en cierta medida los colores del cielo, pero les da un matiz propio, diferente, más sutil, más violáceo.


 Es una lástima que solo haya podido ver un atardecer junto a la orilla del Nilo, los alojamientos pillaban lejos de él.


Los amaneceres en los oasis del Nilo son preciosos. Todo se llena de luz y de sonidos. Las luces y las sombras juegan entre sí y parece que hay una luz más luminosa, más brillante, más alegre. A esta primera hora los campesinos trabajan en la tierra, imagino que en el amanecer y atardecer se trabajará mejor que en las horas centrales en las que hace tanto calor.


       Y los oasis están llenos de pajaritos, gorriones, abejarucos, mirlos de cola muy larga y con alguna pluma blanca en la cola, y más pajaritos que no conozco pero que son preciosos.


Pero aunque las tierras de cultivo estén junto al río, hay que hacer que el agua llegue hasta ellas. Y esto lo consiguen los hombres de dos maneras: con motores que suben el agua desde el río y con canales que lo trasportan desde lugares alejados y más altos  donde ha sido posible hacer una desviación para que el agua vaya por el canal. Los canales dan lugar a zonas de cultivo mucho más amplias y los atardeceres sobre ellos son francamente bonitos.


Visitamos la tercera catarata del Nilo. Hace tiempo yo me imaginaba que las cataratas de este río serían como todas: caídas casi verticales del agua debido a un desnivel del terreno. Pero aquí no. Aquí es un pequeño desnivel pero muy poco profundo, lo que hace que los barcos un poquito grandes no puedan pasar. Esto fue una faena para los ingleses, pues no podían subir con sus barcos de vapor y con sus barcazas hasta Jartúm. Tenían que sacar los barcos, trasportarlos un poquito por tierra y a continuar otra vez.


En algunos lugares la vegetación es exuberante, como en esta zona en que me encuentro un montón de mimosas púdicas estas plantitas que al darlas un golpecito con el dedo hace que sus hojas compuestas se caigan y se cierren. Recuerdo que las vi en el Jardín Botánico de Madrid, pero nunca las había visto en estado salvaje.




En el Nilo hay poquísimos puentes y como es muy ancho y hay islas habitadas la gente va de una orilla a otra con los trasbordadores o con barcas pequeñas.  Los trasbordadores suelen ser muy viejos, por lo menos eso es lo que aparentan, y en ellos van todo tipo de pasajeros y todo tipo de objetos: camiones, tractores, burros, camellos, coches, cabras, ovejas y personas. 



Donde atracan es la tierra, allí no hay ninguna clase de muelle o plataforma donde la pasarela se pueda apoyar, y por eso nuestro guía rellenaba el hueco entre la plataforma y el suelo para que las ruedas de los coches no se rajaran.


 Hay personas que tienen más prisa y menos equipaje y se van en barcas con motor. Los trasbordadores del Nilo son una bonita estampa.



Nosotros hemos ido un par de veces en pequeñas barcas con motor. Eran zonas donde aun hay cocodrilos y pude ver dos de ellos de forma casi momentánea, pues uno estaba sobre una roca y otro en la orilla, pero al acercarnos inmediatamente se metieron en el  agua. 

En el desembarcadero había un cartel que señalaba el peligro de bañarse en esta zona por la presencia de los cocodrilos.
Aquí en Sudán cazan los cocodrilos para comer la carne y aprovechar su piel, lo que ocurre es que no hay caza a gran escala, con lo que los cocodrilos son relativamente abundantes.



Un río tan grande como el Nilo es muy rico en peces y la gente de aquí los pesca, pero los pescan con estas pequeñas barcas y con redes. Las capturas no son muy abundantes y a ellos no les interesa que lo sean porque no tienen donde conservarlos. Los peces hay que comerlos enseguida. Nosotros los hemos comido dos o tres veces y la verdad es que estaban muy ricos. Esta foto debe ser de un sitio especial como un restaurante pues los peces están colocados sobre hielo y por donde nos hemos movido no hemos visto ni el menor trozo.



        En muchas ocasiones el desierto llega hasta la misma orilla del Nilo, no hay ninguna franja de vegetación, o si la hay es pequeñísima. Imagino que será porque hay una barrera de rocas impermeables que no dejan pasar la humedad. La fuerza del desierto es enorme aunque la verdad esto es una fantasía mía ya que entre el desierto y el río echan competiciones para ver cual es más fuerte.
       
  
     Por las orillas son muy abundantes las ocas o gansos del Nilo. Aves veloces, llenas de color y que ponen una nota de vida y de variedad en el paisaje,
        El Nilo me acompaña en todo el viaje. La última noche cenamos en un hotel a orillas del Nilo.
        ¡El Nilo! Un río con resonancias mágicas en mi interior. ¡He leído tantas cosas sobre el Nilo! Sobre todo han sido aventuras, aventuras de novelas y aventuras de los exploradores que querían encontrar las fuentes del Nilo. Y mira por donde he hecho un viaje junto a ese río mágico para mí. ¿Volveré alguna vez al Nilo?

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