martes, 26 de junio de 2018

ROMA (6)
         Esta mañana se van los polacos que había a mi lado. La mujer es de las más guapas que he visto nunca. Han venidos unos holandeses. El se levanta y se pone a limpiar el coche. A las 9 de la mañana se van a la piscina del camping. No sé cómo se puede venir a Roma y quedarte en la piscina.
La iglesia de San Lorenzo Extramuros, del siglo VI, es diferente, no se parece a ninguna otra que conozca.
Va a haber un funeral. La gente ha traído flores que ha puesto al lado del altar y que después han puesto encima del féretro. La mujer de la fotografía está sentada bastante atrás. Debe ser amiga o familiar de la fallecida.
Cuando pasa el féretro le lanza un beso. La mujer me da una gran sensación de pena, y lo que es peor, de soledad.  Va a comenzar el funeral. Me marcho.
         Del Moisés de Miguel Ángel ya está dicho todo. Otra vez me vuelve a impresionar. En esta iglesia se conservan las cadenas que ataron a San Pedro en Jerusalén y en Roma, y que en el s. XII milagrosamente se soldaron. ¿Por qué se mantienen estas patrañas?  ¿Por qué no se desmonta de una vez tanta farsa y mentira? ¿Para qué tanta reliquia si Cristo está realmente presente en la eucaristía? ¿Qué más se puede adorar y a quien más se puede pedir ayuda sino al mismísimo Dios real y presente? Que me lo expliquen.
         Y luego veo iglesias del siglo IV y VI, posteriormente reedificadas pero que conservan características únicas y especiales. Por ejemplo San Clemente con su ábside, su altar con esa especie de barandilla, sus columnas de monumentos romanos y su precioso suelo del siglo XII.
          Una niña francesa está con su abuelo. Me mira y se sonríe y luego habla y habla como mis cotorritas con esa dulzura y ese candor  que sólo tienen los limpios de corazón.
         El palacio Doria Pamphilae es como el de los reyes sólo que en pequeñito. ¿Y por qué estas personas tenían tanto dinero? ¿De dónde les venía?  Este exceso de riqueza no me parece bien ni ahora ni antes; y el exceso de pobreza me parece muy mal. Parece ser que para que unos pocos sean muy ricos muchos tienen que ser muy pobres… y no sigo pensando más en esto. Me cabreo.
         El palacio muy chulo, con muchos cuadros  muy amontonados y la mayoría muy  mediocres, algunos hasta malos. Estos hombres eran ricos pero con mal gusto, con el gusto de los horteras.
         Sta María Sopra Minerva es feota por los rehechos pero es un museo de pinturas y esculturas. Los frescos de Filippo Lippi son muy bonitos y con una gran frescura.  Hay tumbas por doquier de los papas Medicis, cardenales, familia de cardenales, nobles, etc, etc. Es un buen sitio para hacer un estudio sobre el arte funerario.
         El palacio del Quirinal es la sede del presidente de la república. La plaza es amplia, espaciosa. Hay una pequeña parada militar muy vistosa. Los turistas nos paramos a verla, los romanos no se detienen.
         En un extremo de la plaza hay una hermosa fuente con unas estatuas de caballos y figuras mitológicas. Los turistas se hacen fotos  en la base.
         Un poco más allá está la iglesia de Santa Andrea del Quirinal, una joyita de Bernini, un modelo de aprovechamiento del espacio y de saber hacer las cosas bien.
         Y otro poquito más allá están las cuatro fontanas. Cuatro magníficas fuentes en cada una de las esquinas del cruce de dos calles. Hay que reconocer que en esto de las fuentes los romanos han sido y son unos maestros. Pocas ciudades hay que tengan tantas y tan bonitas fuentes como las que hay en Roma.

Además, lo bueno que tienen las fuentes romanas es que en casi todas ellas se puede beber un agua fresquísima, lo cual se agradece en los días calurosos como el de hoy.
         Desde las 4 fontanas desando parte del camino recorrido y me voy hacia la Fontana de Trevi. Pero por todas partes Roma es un espectáculo, por todas partes hay  cosas que ver: palacios más o menos grandiosos; torres medievales adosadas a iglesias, a palacios de siglos posteriores o a viviendas y que todavía hoy siguen siendo especta-culares; galerías comerciales de finales del siglo XIX o principios del XX,  cuando las galerías empezaron a hacer furor en las grandes  ciudades europeas; iglesitas o iglesias (¡hay que ver la cantidad de iglesias que hay en Roma!) y gente. ¡Cuanta gente hay por la calle!
         Y así, mirando y observando llego a la fontana de Trevi. Está llena de turistas pero está preciosa. Me siento durante mucho rato a descansar. Hablo con unos filipinos de España. Ellos son de los pocos que saben español en aquellas islas. Y así charlando y mirando la fontana paso lo que queda de la tarde.
         Me marcho sin echar ninguna moneda a la Fontana. No tengo intención de volver por ahora. De repente oigo un sonido algo extraño. Me paro. Vuelvo la cabeza y veo como uno de los personajes de la Fontana hace sonar su caracola.  No sé si como señal de despedida o como invitación para que eche mi moneda y pueda volver a Roma


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