martes, 3 de julio de 2018


INDIA (3)
Agra – Fathepur – Abhaneri

           Nos levantamos temprano, hay que ver el Taj Mahal al amanecer desde el otro lado del río.
 
 
 Está amaneciendo y la ciudad empieza a tener actividad, ya empiezan a colocar los puestos de comida, de chuches y de otras cosas, la gente ya va a trabajar.
 
 
 Montamos en unos ritsos que nos llevan a nuestro destino.
 
 
Por el campo vemos algunas viviendas de campesinos; más pobres y más humildes no pueden ser.
 
 
 Al llegar a los jardines vemos el conjunto de edificios del Taj Mahal así de bonitos. Ya hay mucha gente visitándolo. La luz parece que se puede tocar.

Desde Agra nos vamos a Fatehpur Sikri, la ciudad que mandó construir un emperador y que al cabo de 50 ó 60 años fue abandonada por la falta de agua. Los palacios afortunadamente aún continúan.
 
 
 De camino pasamos por una charca donde los búfalos toman un baño matutino.
 
 
 Yo imaginaba que los palacios estarían en ruinas o casi en ruinas, sorprendentemente están en un estado de conservación magnífico. Estos edificios son de un estilo hindú muy puro, desconocido hasta ahora para mí y que me gusta mucho.

   
     Es la misma sensación que experimenté en el fuerte de Agra de robustez y estabilidad, aquí me doy cuenta que no hay puertas ni ventanas por ninguna parte, todo está abierto, por todos sitios se puede circular libremente.
 
 
            No sé si esta época y este estilo arquitectónico coincidió con un movimiento de gran libertad y movilidad de ideas, pero no me extrañaría nada que así hubiese sido.

 
        Casi todas las personas que hay aquí son hindúes, y eso es algo a lo que me voy acostumbrando. No sé porqué tenía la idea que este era un pueblo pobre e inculto y que sus templos y palacios se conservaban gracias a los ingleses y que solo los visitaban turistas extranjeros.  Estaba muy equivocado.

   
       Al lado está la mezquita de Salim Christi, un santo musulmán que vivió aquí hace muchos años y que goza de una gran devoción. La puerta principal de este complejo es la más grande de toda Asia y por eso, y porque está en un alto no la he podido fotografiar de frente.
 
 
  En el edificio blanco está enterrado el santo, a la derecha la mezquita y a la izquierda las tumbas de varios reyes y nobles.
 
 
 Aquí hay menos mujeres que en otros sitios y las que se ven no llevan vestidos tan vistosos.
          


           A la salida hay un amplio parque y hoy hace mucho calor, y en este parque veo por primera vez a la gente refrescándose. Que lo hiciesen los niños no me resultaba extraño, pero ver a las mujeres echándose jarros de agua por encima de la ropa sí. Esta escena la he vuelto a ver repetida en otros muchos lugares y siempre me ha parecido percibir un cierto aire festivo y alegre en esos momentos.
 
 
          Aunque el suelo siempre está lleno de basura, Nico, el guía, nos dijo que los hindúes son muy limpios, aunque sean humildes, y mirando y observando he comprobado que esto es cierto en la mayoría de los casos. La gente va sucia cuando no tiene ocasión de lavarse, y eso ocurre sobre todo en las grandes ciudades.

 
Desde aquí nos vamos hacia Jaipur pasando por Abhaneri. La carretera es infame y al mal estado del firme se unen los tractores, las motos, las vacas y hasta algún que otro rebaño de camellos.
 
   
    Abhaneri es una pequeña aldea de solo 15.000 personas. Vamos, una minucia para la India. Es una localidad agrícola, que cuenta con un sorprendente pozo del siglo VI o VIId.C.
 
 
 Nunca había visto nada semejante: la profundidad del pozo,
 
 
 las escaleras de los laterales, el templo o monumento que hay en un lateral,
 
las estatuas que hay por algunos sitios, y que proceden de un templo hindú que se desmanteló ante las invasiones musulmanas para que no fuera destruido,
 
 

 es un conjunto que sorprende y ante el que se siente una profunda admiración. Los colores de las ropas de las mujeres animan el sitio y hacen que las fotos sean más bonitas.
 
 
Estamos en el corazón del Rajastán y los colores son mucho más vistosos.

  
      En una habitación un poco oscura se escuchan unos chillidos de animales y se nota un olor a excrementos un tanto especial. Los animales son murciélagos, que están colgando del techo de las bóvedas  y el olor es el de sus excrementos. Hay muchísimos murciélagos, y al hacer las fotos, con el flash se asustan y muchos salen volando y causan el pánico de las mujeres porque son como ratones voladores, según dicen ellas con lo que demuestran que no tienen ni idea de zoología.

    
            Después de visitar el pozo doy un paseo por la aldea. Enseguida me encuentro con esta niña, su cara y sus ojos me parecen preciosos. Le hago unas fotos y al ir a darle 10 rupias para chuches aparece un montón de niños que también quieren dinero para chuches. No se lo doy a ninguno y la niña se queda con una cara de enorme desilusión. Cuando iba a montar en el autobús para marcharnos, la niña estaba allí, creo que esperándome y me miró con esa cara que solo tienen los niños. Cogí 10 rupias y sin que los otros niños me viesen se las di. La expresión de su cara cambió de repente. Siempre me pasa igual, los niños me pueden.

    
    El paseo por el pueblito me encantó. Aquí vi la India rural y profunda, tal como siempre la había imaginado. Los hombres con esas ropas blancas,
 

 las mujeres con sus vestidos de mil colores trabajando en el campo, llevando leña,
 
 
haciendo cosas en su  casa mientras su bebé está en el suelo sobre una tela,
 
 
los ancianos sentados al sol de la tarde hablando de sus cosas,   las calles con búfalos,
 
 
 con mangostas que van rápidas pero sin miedo, pues nadie las hace nada ya que comen ratas y serpientes,
 
 
 
 
 la luz maravillosa del atardecer, una luz cálida que todo lo envuelve, forman un conjunto que cubre ampliamente todas mis expectativas de lo que podía ser la India profunda, la de verdad, la que yo había imaginado viendo de niño las películas de Kim de la India, El libro de la selva y alguna que otra más. Ilusiones e imágenes que se han hecho realidad.

        Y como una despedida de este deliciosa Abhaneri pasa esta mujer con su haz de leña a la cabeza, atado con esa tela amarilla igual que el vestido que lleva, ¿no será un trozo de su vestido o pañuelo?, y con su pequeño de la mano.  Su porte erguido es de una gran elegancia natural.

Ya de noche llegamos a Jaipur. Nacho, el guía, nos sugiere dar un paseo. A las 8,30 hay muy poca gente por la calle. A las 9,15 ya no hay casi nadie. Y lo que veo en una plaza cerca de City Palace, donde está el palacio del actual maharajá me llena de tristeza: gente durmiendo en el suelo, gente que todo lo que tiene está allí: la ropa puesta, un pequeño atillo y la vida. No tienen más. Y no hay solo hombres solitarios al estilo de los vagabundos europeos, no. Hay familias enteras, hombres, mujeres y niños durmiendo allí.  Cuando llueve extienden unos plásticos y así se cubren. No solo vemos los de esta plaza, por otros muchos sitios hay personas que viven así: debajo de un puente, en la amplia entrada a un templo que ya no se utiliza, bajo un alero, y siempre bajo las estrellas. Menos mal que aquí hace poco frío. Y lo que más me indigna es que al lado está uno de los palacios más lujosos de la India donde vive una persona con multitud de criados. ¡Qué mal repartida está la riqueza! ¡Qué egoístas somos los humanos! 
 
 
 Aquí en la India, a la gente a la que ya oficialmente se la considera pobre, vive con menos de 2 € al día ¡por familia!, no por persona. Los pobres entre los pobres, entre los que me imagino que se encontrarán éstos, viven con menos de 1€ al día. Y todos los pobres entre los pobres viven en las grandes ciudades, no en los suburbios, sino por todos los sitios. Para verlos sólo hay darse un paseo cuando ya es de noche o cuando está amaneciendo. Por el día se las apañan para sobrevivir. Por lo visto el estado les da comida: harina de maíz o arroz. Aquí, afortunadamente no se mueren de hambre, se mueren de enfermedades, de suciedad, de ignorancia, pero de hambre no, aunque si se piensa, rápido se cae en la cuenta que hay muchas clases de hambre.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario