miércoles, 16 de enero de 2019

LA RUTA DE LA SEDA (12)
 TASH-RABAT
 
          El martes 25 de agosto salimos pronto de Kashgar. Nos vamos a Kirguistán. Si lentos e incomprensibles fueron los trámites para entrar en China más incomprensibles son los que tenemos que hacer para salir: al llegar al puesto de control se entrega el pasaporte al soldado que sube al autobús; espera en el autobús hasta que nos devuelven los pasaportes y nos indican que bajemos; entramos en el edificio principal, nos miran las maletas, las cámaras de fotos, nos toman la temperatura, nos vuelven a pedir los pasaportes, los sellan y nos mandan salir; en la puerta de salida nos vuelven a  pedir el pasaporte para verificar que todo está bien sellado; montamos en el autobús y recorremos unos 80 km por un paisaje yermo, con montañas de mil colores, y llegamos a la frontera real.
          Allí nos vuelven a pedir el pasaporte, lo miran y nos dejan pasar sin más al Kirzguistán. Y allí, en el paso de Torugart, a 370 m de altitud, hay una frontera real, una frontera de doble alambrada de espinos de esas que yo sólo creía que existían en las películas.

¿Qué protegen esas alambradas? ¿Quién va a invadir uno otro país? Estas y otras muchas preguntas relacionadas con la frontera no tienen respuesta para mí.
       Enseguida vemos un lago, un lago enorme y montañas. Enormes montañas. Vemos las “Montañas del Cielo”, los “Tian Xian”, de más de 7.000 metros de altitud.

         Enseguida llegamos a Tash-Rabat, unas pocas yurtas cerca del camino y al lado de un arroyo. Por la noche hace mucho frío. Por la mañana amanece un día radiante.
         Hacemos una danza ritual para pedir a los dioses que el día nos sea propicio. Me parece que en vez de vestirnos como los indígenas de estas montañas lo hacemos más como los indios de las praderas americanas.
        Esta noche ha llovido en nuestro campamento, pero muy cerca de nosotros, sólo unos metros por encima, ha nevado. Todo está cubierto de un fino manto blanco, manto que a medida que se sube se va espesando.
        Las montañas están bellísimas, los prados también, la luminosidad es radiante. El espectáculo de cielo, montañas nevadas, praderas de diversos colores, yurtas, caballos,… es maravilloso. Subo hasta unos altos cerros y me emborracho de paisaje y de espacios abiertos.
        Hay que ir hasta el viejo edificio. Un edificio que no se sabe muy bien lo que es. Para unos es un antiguo monasterio, para otros un caravanserai.
        Desde el caravanserai volvemos andando al campamento. Vuelvo con Tatiana, la guía. Ella habla y habla y me cuenta de todo. Me dice que cuando el país formaba parte de la Unión Soviética estaban mejor, sobre todo en lo referente a educación, sanidad, vivienda y obras públicas. Desde que el país consiguió la independencia todos estos aspectos han ido a peor. El país es pobre, hay muchas montañas y casi no tiene recursos naturales. No hay petróleo, no gas ni otras fuentes de energía.
 
        Recordando la frontera alambrada le pregunto sobre las relaciones con China y Uzbekistán. Me dice que son buenas con ambos. Con China hubo problemas en la época de Stalin y de Kruschev pero ya se acabaron.
        Me pregunta sobre qué diferencias encuentro entre Europa y Asia y le hablo de la inmensidad de los paisajes asiáticos, de lo grandísimas que son las montañas, los desiertos, las llanura. Le hablo de cómo las ciudades europeas conservan una parte antigua y otra nueva y la mayoría de las que he visto asiáticas sólo tienen parte nueva.
        En un pequeño manantial que hay en el  borde del camino Tatiana se para, bebe un poco de agua y se moja la cara, el pecho, la espalda y las piernas mientras reza. Ella es de religión ortodoxa y da gracias a Dios por esa agua al tiempo que implora su protección. Me comenta como la religiosidad va en aumento en su país y que cada vez hay más jóvenes que practican la religión. Por curiosidad me pregunta qué es lo que ocurre en España. Le digo que creo que cada vez va a menos y que las personas que practican son bastante mayores.

        Por las montañas hay bastante ganado y me cuenta que los pastores están aquí desde junio hasta el 10 de octubre. Los animales que más hay son ovejas, cabras, yacks (muy apreciados por su carne y por la lana) y caballos. Añade que los caballos son muy importantes, sobre todo para las personas mayores y que todavía se utilizan en los ritos funerarios.

        Y todas estas cosas me las cuenta en un ambiente grandioso, de montañas y valles salvajes. De vez en cuando miro los ojos de Tatiana, son muy bonitos. Me recuerdan mucho a los de Angelina y Ana. ¿Será casualidad encontrarme unos ojos así en “Las Montañas del Cielo”? ¿En los Tian Xian?

 

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