martes, 22 de enero de 2019


SENEGAL (1)

DAKAR - ISLA DE GORÉE - VIAJE A ZIGUINCHOR
      
          Nunca había ido al África negra. Para ir a esos países hace falta la vacuna contra la fiebre amarilla y a mí ya no me la ponen porque tengo más de 60 años. Pero mira por donde me entero que en Senegal no es necesaria porque allí no hay fiebre amarilla. Sin pensarlo me apunté a ese viaje.
        Mis expectativas eran un poco raras pues sabía que allí no había arte ni monumentos que ver. La naturaleza tampoco es exuberante y no visitábamos ningún gran parque de animales, solo uno de pájaros. ¿Qué iba a ver entonces? No lo sabía muy bien. Iba a ver qué es lo que había allí.
        Pero quizá había un motivo más profundo. Desde niño me encantaron las películas sobre África y cuando era joven uno de mis mayores deseos era visitar África y ver las chozas de los poblados en la jungla o en la sabana, ver los animales salvajes, oír los sonidos del bosque y de la selva, etc. pero todo eso fue pasando y se fue arrinconando. Ahora, cuando puedo ir a África, creo que eso ya no existe. Para ver que es lo que queda, para ver cómo es ahora África hago este viaje. Mi sorpresa ha sido mayúscula. Senegal me ha parecido maravilloso y el mundo actual africano me ha parecido hermosísimo, lleno de color, de vida y de continuas sorpresas. Aquí están mis impresiones.
Ávila abril 2013.
DAKAR 
          Cuando llegamos a Dakar ya es de noche. Las calles están poco iluminadas, hay poca gente por la calle. Nunca me ha gustado la vida nocturna y en África tampoco, así que me voy a acostar pronto. Por la mañana también me levanto pronto y enseguida salgo a la calle, a ver qué se ve, ya tendré tiempo para desayunar. Hay poca gente en la calle.


 Las casas son una mezcla de antiguas casas bajas y actuales y modernos edificios similares a los de cualquier ciudad occidental: edificios sin personalidad, sin gusto.
En una esquina, junto a un chiringuito, un grupo de hombres toman café, unos de pie, otros sentados en unos sencillos bancos. Y la gente humilde empieza a moverse, a desperezarse, a buscar sitio.
 Unas mujeres que me parecen muy viejecitas están sentadas en el suelo, apoyadas contra una pared y están colocando sus cosas en unas bolsas de plástico. Están frente a un hospital o consultorio, posiblemente estén esperando que abran para ver a un familiar o que las vean a ellas. Han pasado la noche aquí, menos mal que no hace mucho frío.  
Un anciano extiende una manta en el suelo y comienza a pedir. Una mujer se para a hablar con él en un tono amigable. Cuando vuelvo a pasar por el mismo sitio de regreso al hotel aún continúan hablando, eso es señal de que son buenos amigos.
Casi enfrente del hotel veo a una mujer con aspecto humilde que enciende una pequeña lumbre y coloca en una sartén un montón de cacahuetes. La mujer empieza a tostarlos con parsimonia, con paciencia. Mientras desayuno en el hotel estoy viéndola y nadie la compra cacahuetes. No sé por qué, pero cuando termino de desayunar le pido 3 CFA de cacahuetes (como 50 cts. de euro) y me empieza a echar y echar cacahuetes en un cucurucho y la tengo que decir que basta, que pare, que no quiero más y entonces ella me quiere devolver 2 CFA, pues ese montón que me ha echado es solo 1 CFA. No acepto su devolución y ella, que no habla francés, me dirige una sonrisa que imagino que es de agradecimiento.
        Cerca hay un chico con una especie de cafetería ambulante; es un pequeño carrito que él lleva de un sitio a otro en el que lleva café y que vende a los transeúntes. A él no le pido café porque ya lo he tomado y porque veo que él sí que vende su mercancía.
        Dos mujeres, la gorda y la flaca, barren la entrada de una tienda. La gorda debe ser la propietaria, la flaca una encargada de la limpieza y nada más, no creo que sea dependienta, pues la tienda tiene buena pinta y la mujer flaca tiene pinta de bastante pobre y no pega para vender en esa tienda. Pero a lo mejor me equivoco.
        Un poco más allá veo a un hombre que no tiene carrito ni nada en qué llevar 4 sacos que no deben pesar mucho. Se coloca 3 sobre su cabeza y el otro lo lleva de la mano. Yo creía que solo eran las mujeres las que llevaban cosas en la cabeza, pero ya veo que aquí no es así.
        La visita a la ISLA DE GORÉE es obligada.  Vamos en el primer trasbordador. Mujeres jóvenes entablan conversación durante el trayecto, me invitan a ver su tienda en la isla por si me gusta algo. Las mujeres hablan español bastante bien, señal de que venimos muchos turistas españoles. La isla me parece preciosa, con sus casas coloniales de colores, de unos colores que me recuerdan mucho a los de la Provenza francesa, lo cual no es raro, pues aquí vivían comerciantes franceses.
 
 
 ¿Qué con qué comerciaban? Pues con todo, pero especialmente con carne fresca, con esclavos. Esta isla es tristemente célebre porque aquí se almacenaban los esclavos para engordarlos hasta que se los llevaban a América.
         En muchas de estas casas la parte baja estaba destinada a ser almacén de esclavos, cárcel de esclavos. Hoy en día es Patrimonio de la Humanidad como homenaje a esos millones de seres humanos que fueron esclavizados. Es un homenaje merecido pero sobre todo es una vergüenza para los países ricos y civilizados de los siglos XVIII y XIX. Es algo que merece ser recordado para que nunca jamás vuelva a pasar.

        Todo es color y luz. Hay un color y una luz maravillosa por todas partes: en el aire, en las casas, en los árboles, en los colores de las ropas, en el mar, en… …en todo.
Todo me sorprende, todo lo miro con ansia, con avidez de ver, no quiero perderme ningún detalle de nada, aunque casi nada me sorprende, pues así lo imaginaba, pero nunca lo imaginaba tan bonito, tan colorido. Hay pobreza, pero no miseria.
Los niños van descalzos, están sucios, mal vestidos, pero no tienen pinta de pasar hambre y juegan y chillan y corren como todos los niños felices del mundo.
 Las mujeres van con sus bebés a la espalda, algunos van dormidos y otros despiertos y éstos no chillan, no lloran, solo miran y se aprietan contra la espalda de su madre.
 
  

      Antiguas casas coloniales, grandes, hermosas, hoy están en ruinas. Su antiguo jardín es hoy una explanada donde la gente tiende la ropa a secar.
En muchas casas hay hermosos jardincitos de aspecto descuidado, y los jardineros y los propietarios no son colonos, son indígenas y estas son sus casas y esta es su tierra. 

 VIAJE A ZIGUINCHOR
        Por la tarde cogemos el barco a Zinguinchor. Pasaremos toda la noche en él. El barco enseguida se aleja de la costa y solo vemos mar.

El trayecto puede parecer aburrido, pero cuando se tiene curiosidad hay muchas cosas que ver, como estas dos mujeres, una enorme y la otra también rellenita, que llevan unos vestidos con unas telas estampadas con imágenes de una virgen y la otra con unas imágenes del bautismo de Jesús. Nunca había visto unas telas semejantes.
        Al amanecer hace fresco. Yo tengo suficiente con un fino jersey, pero estas jovencitas están pasmadas de frío. Amablemente acceden a que les haga una foto ¡Me resultan tan bonitos el blanco de sus ojos y el blanco de sus dientes!
        Temprano entramos en los estuarios de la Casamance. El manglar se extiende por todas partes. De vez en cuando se ven pequeñas barcas, pero no veo ningún poblado.
Y esto es lo que veo cuando llegamos a Ziguinchor. Me llevo una pequeña desilusión pues no me parece atractivo por nada. ¡Ya veremos lo que da de sí!

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